Cuando una instrucción mezcla propósito, datos viejos, pendientes y decisiones del día, es difícil saber qué sigue vigente. Podemos ordenar el contexto en cinco capas:
- Instrucción permanente: el rol y las reglas que deben mantenerse. Ejemplo: «separa los hechos de las inferencias y no envíes mensajes sin aprobación».
- Memoria: antecedentes y acuerdos estables que sirven para interpretar la tarea. Deben tener origen y poder corregirse.
- Tarea: la acción concreta de ahora. Ejemplo: «resume las incidencias recibidas esta semana».
- Campaña: un objetivo temporal con varias fases. Ejemplo: «durante ocho semanas, reducir tiempos de respuesta y revisar el avance cada viernes».
- Estado: la foto actual: qué está abierto, qué cambió y qué sigue pendiente.
La regla permanente exige citar la fuente de cada dato. La memoria conserva la definición aprobada de «caso resuelto». La campaña busca mejorar la respuesta durante ocho semanas. El estado indica que hoy hay cuatro casos pendientes. La tarea de este momento es preparar un resumen para la reunión.
Separar estas capas facilita actualizar lo que cambia sin borrar principios útiles. También permite detectar contradicciones: si un antecedente antiguo dice una cosa y un registro reciente dice otra, el sistema debe mostrar ambas evidencias, no inventar una conciliación.