Time to say goodbye.
Desde hace algún tiempo venía pensando que mi trayectoria profesional tendría que cambiar. No sabía cuándo ni cómo.
Pero planificar nunca ha significado conocer el futuro. Significa observar, anticipar y estar preparado para moverse cuando las condiciones cambian.
Quizas ese cambio de trayectoria, era sólo cuestión de tiempo.
Pensando en cómo cerrar este ciclo, recordé algo. Hace un año, alguien utilizó dos frases que resonaron un tiempo en mi cabeza:
“The clock is ticking.”
“The proof is in the pudding.”
Hoy, cerrando mi ciclo en Volvo, vuelvo a ellas y las resignifico.
The clock is ticking.
Corre para los negocios y los resultados, pero también para las experiencias que aún no vivimos, las personas que no conocemos y los lugares donde todavía podemos aportar.
Miro estos años en Volvo con orgullo.
Aprendí mucho de negocios y liderazgo, pero especialmente lo que significa vestirse realmente de una marca: creer en ella, defenderla, exigirle y convertir aquello que promete en algo que clientes y personas puedan experimentar.
Volvo llama a ese espíritu: Blue Spirit.
Para mí fue una forma concreta de actuar: confianza, colaboración, responsabilidad, clientes y resultados concretos.
The proof is in the pudding.
Durante los últimos años llevamos el negocio a un nuevo escalón: alrededor de 200 camiones adicionales por año respecto del promedio de los cinco años anteriores (+13%).
Más importante que alcanzarlo fue sostenerlo.
Aunque prefiero pensarlo así:
200 soluciones de transporte adicionales cada año.
Soluciones entrando en las operaciones de nuestros clientes y ayudando a mover sus negocios.
Ese crecimiento también se reflejó en participación de mercado, alcanzando niveles históricos. Pero crecer nunca fue solo vender más. Fue hacerlo con disciplina, cuidando precio, valor y rentabilidad.
Y también implicó tomar riesgos.
No riesgos ciegos. Riesgos entendidos, acotados y asumidos conscientemente.
Porque un negocio difícilmente alcanza un nuevo nivel haciendo exactamente lo mismo que lo llevó hasta donde está.
La experiencia me enseñó que no todas las variables estarán bajo control. La madurez está en saber cuáles sí deben estarlo.
El riesgo bien gestionado no es lo contrario de la disciplina. Es parte de ella.
Porque en los negocios casi nunca existe una bala de plata.
No es solo producto. No es solo gente. No es solo estrategia.
Es el pudding.
Personas, producto, ejecución, clientes, cultura y disciplina funcionando en una misma dirección.
Hoy cierro este ciclo orgulloso de lo que construimos, de los equipos con los que trabajé y, sobre todo, de las personas que fueron parte de esta historia.
Ahora comienza otra etapa.
No conozco su forma final. Y está bien que sea así.
Planificar nunca significó controlar cuándo o cómo ocurriría el siguiente movimiento. Significó estar preparado para reconocerlo cuando llegara.
The clock is ticking.
Lo estuvo siempre, era cosa de tiempo.