Una empresa dice que tiene «agentes de IA». Al mirar más de cerca, quizá sólo usa un chat que redacta correos. No hay nada malo en eso; el problema es no saber qué capacidad se tiene realmente.
Cuatro niveles de acción
- Modelo: recibe una entrada y produce una salida. Es el motor; por sí solo no conoce tu objetivo ni tiene permiso para actuar.
- Asistente: un modelo al que se le dan instrucciones, contexto y quizá herramientas. Ayuda cuando una persona le pide algo; la persona conduce el proceso.
- Flujo de trabajo: una secuencia de pasos definida de antemano. Puede usar IA en alguno de ellos, pero el recorrido ya está trazado.
- Agente: recibe un objetivo, observa el estado de una tarea, decide el siguiente paso dentro de límites acordados, actúa y verifica el resultado.
En un equipo de servicio llegan solicitudes de clientes. Un modelo clasifica un mensaje. Un asistente redacta una respuesta cuando alguien se la pide. Un flujo clasifica, asigna y genera un borrador siguiendo reglas fijas. Un agente revisa los casos abiertos, prioriza los que requieren atención, consulta antecedentes permitidos, propone acciones y comprueba qué quedó pendiente.
La distinción no es de prestigio. Lo útil es elegir la arquitectura más simple que resuelva bien el problema y haga visibles las decisiones importantes.